SIERVA DE
DIOS SOR MARTA WIECKA
de la Compañía de las Hijas de la Caridad de San
Vicente de Paúl
Infancia y familia
La vida de Sor Marta Wiecka fue corta. Sólo 30 años
fueron suficientes para alcanzar las
cumbres de la santidad. Fue una auténtica
Hija de la Caridad. Su entrega total al Señor y a los pobres
fue testimonio atrayente para quienes vivían junto a ella.
Servía a los enfermos, miembros dolientes de Cristo con el
estilo vicenciano de humildad, sencillez y caridad.
Nació
el 12 de enero de 1874 en Nowy Wiec al noroeste de Polonia. Fue
bautizada el 18 de enero de 1874 en la iglesia filial de
Szczodrowo recibiendo los nombres de Marta Anna.
Era la tercera de los 13 hijos de Marcelino y Paulina. Sus padres,
labradores, eran dueños de un campo de 100 hectáreas.
El
estado polaco había desaparecido del mapa de Europa en el año
1795 después de los tres repartos
sucesivos de su territorio entre Austria, Prusia y Rusia. Nowy Wiec
se hallaba en la región prusiana cuyas autoridades, aplicando
métodos impositivos y a veces brutales, sometían a la
población a una germanización forzosa. La familia
Wiecka era de una fe profunda y un arraigado patriotismo. Con otras
muchas familias constituyeron la base de la oposición ante la
invasión germánica. En la casa de Marta se rezaba el
Rosario en familia todos los días, se leían las
biografías de los santos u otros libros religiosos y se
compartía el contenido de la homilía dominical.
A
la edad de 2 años Marta cayó enferma tan gravemente,
que estuvo a las puertas de la muerte. La mejoría radical
sucedió tras una oración intensa a la Virgen en su
Santuario de Piaseczno. Este hecho fue interpretado en la familia
Wiecka como milagro dejando huella en la vida de Marta y en su
relación cercana y filial con la Stam Virgen. Toda su vida
estuvo marcada por la devoción mariana. Ella misma afirmaba
que recurría a la Stma Virgen en todas sus necesidades y
jamás, María, le había negado algo de lo que
pedía.
La
pequeña Marta ayudaba
en casa cuanto podía. Los vecinos testimoniaron que era una
chica piadosa, mansa y humilde de corazón, de carácter
recto, pero sobre todo irradiaba serenidad y alegría.
Su familia y sus vecinos conocían también
su honda devoción a San Juan Nepomuceno. Siendo niña
encontró una estatua de este santo y organizó su
restauración, tras la cual fue colocada frente a su casa…
Muchas veces se podía verla rezando ante ella. Toda la vida
conservará la devoción a este Santo que despertó
en su alma infantil la catequesis
parroquial.
El
3 de octubre de 1886, a los 12 años de edad, recibió la
Primera Comunión. A partir de esta fecha, su unión con
Jesucristo Eucaristía se fortaleció fuertemente y su
vida de oración se centró totalmente en Él.
Cuando podía, se dirigía a la iglesia parroquial,
localizada a 12 kilómetros de Nowy Wiec, para participar en la
Eucaristía. En su casa dedicaba frecuentemente su
tiempo a la oración. Cuando su madre cayó
enferma la reemplazó en algunos trabajos de la casa, sobre
todo en el cuidado de los niños más pequeños.
Vocación
A
los 16 años pidió el ingreso en la Compañía
de las Hijas de la Caridad. La Visitadora la hizo esperar dos años
hasta alcanzar la edad exigida. En el año 1892, a
los 18 años lo solicitó de nuevo con su amiga Monika
Gdaniec, pero no fue admitida en Chelmno porque había exceso
de postulantes. Entonces el número de admisiones estaba
restringido por las autoridades prusianas y este era un
condicionamiento insalvable… Ambas amigas, Marta y Monika, viajaron
a Cracovia, que estaba entonces bajo el dominio austriaco, y allí
el 26 de abril de 1892 fueron admitidas las dos en el postulantado.
Después de cuatro meses, el día 12 de agosto de 1892,
entraron en el Seminario (noviciado). Allí durante ocho meses
de formación inicial asimiló el ideal de las Hijas de
la Caridad que iba a desarrollar en los años posteriores.
Después
de la toma de hábito el 21 de abril
de 1893, Sor Marta fue destinada al Hospital General de Lviv que se
hallaba en la parte austriaca, Galitzia, y pertenecía a la
Provincia de Cracovia. Muy pronto se ganó la estima de una
Hermana por su amor y servicio a los enfermos con gran entrega y
abnegación. La estancia en Lviv duró año y
medio. Este período preparó a Sor Marta para el
trabajo en el pequeño hospital de Podhajce. Aquí
durante cinco años también
dio testimonio de devoción y cariño
en el cuidado de los pacientes. En este hospital de Podhajce
emitió los primeros votos, el 15 de agosto de 1897,
ratificando su entrega total a Dios para servirle en los más
pobres.
La prueba de la calumnia
En
1899 Sor Marta fue destinada al hospital de Bochnia, ciudad cercana a
Cracovia. La Hermana Sirviente era entonces Sor Maria Chabło.
En ese tiempo Sor Marta tuvo una visión
de la cruz, desde la cual le habló el Señor
animándola a soportar todas las contrariedades y le prometió
llevarla pronto consigo. Este acontecimiento despertó en ella
un celo todavía más delicado en su trabajo y una fuerte
añoranza del cielo. La prueba anunciada no tardó en
llegar… Un hombre desmoralizado, al salir del hospital divulgó
por la ciudad la noticia que Sor Marta había quedado
embarazada por su relación amorosa con un paciente joven,
pariente del párroco. A partir de entonces cayó sobre
Sor Marta una ola de afrentas maliciosas de parte de los habitantes
de Sniatyn. Sin embargo la actitud firme de la Hermana Sirviente
permitió que Sor Marta se quedara en el lugar para confirmar
su inocencia. En aquel tiempo no dejó de cumplir sus deberes
con la servicialidad y cariño de siempre. A pesar de sufrir
persecución moral, soportaba esta calumnia en silencio
abandonándose en manos de Dios.
El carisma de Sor Marta
En
el año 1902 fue destinada Sor Marta a Sniatyn,
ciudad ubicada en la frontera oriental de Galitzia, (hoy se encuentra
en Ucrania). Allí también
desarrolló su servicio en el hospital. El párroco del
lugar pronto se dio cuenta de la categoría espiritual de Sor
Marta y de su don de discernimiento sobre el estado de las almas. Y
empezó a enviarle personas que no necesitaban cuidados de
enfermería sino consejo y dirección espiritual… Sor
Marta no se limitaba solo a esta tarea, socorría y servía
con fervor a todos los necesitados.
Sor
Marta amaba mucho su vocación e irradiaba alegría
y satisfacción en su entrega a los pobres. Siempre tenía
una sonrisa sincera en su rostro… Sabía establecer empatía
con su pacientes a los aliviaba los sufrimientos físicos y
morales. De forma discreta y callada les ayudaba en la preparación
para la confesión, les instruía sobre la doctrina de la
fe, ayudaba a resolver los problemas en coherencia con su visión
cristiana de la vida. El número de
los enfermos que habitualmente la acompañaban en el Vía
Crucis rezado en la capilla, llegaba a cuarenta.
Poseía
un don singular para reconciliar las almas con Dios. En su
departamento nadie moría sin confesarse e
incluso, más de una vez, algunos pacientes judíos
pidieron ser bautizados… Sor Marta trataba con la misma atención
y caridad a todas las personas que sufrían, fueran polacos,
ucranianos o judíos, greco-católicos, ortodoxos o
católicos… La fuerza para servir con esta entrega radical le
venía de la oración.
Tanto
su vida como su muerte estuvieron selladas por el
amor auténtico a Dios y al prójimo, fuente y centro de
su existencia. En 1904, consciente del peligro que esto conllevaba,
se ofreció a sustituir a un empleado del hospital en la
desinfección de una habitación dónde había
muerto una enferma de tifus. Sor Marta realizó este trabajo
con satisfacción. Y lo hizo para que no se contagiase el
operario que debía hacerlo, cuyo trabajo constituía el
sustento de su mujer e hijo. Sor Marta sintió la fiebre
enseguida, pero se empeñó en terminar todos sus
trabajos. Durante la última semana en el hospital se hizo todo
lo posible para curarla. A estos esfuerzos les acompañaba una
intensa oración de pacientes y empleados del hospital y
personas buenas de toda la ciudad. Los judíos encendían
velas en la sinagoga por sus intenciones… Gran número de
personas esperaba frente al hospital interesándose por su
salud. Después de administrarle el santo Viático, Sor
Marta realizó una oración larga y profunda, considerada
por los testigos como un verdadero éxtasis. Murió
serenamente y confiada a las manos de Dios Padre el 30 de mayo de
1904 en Sniatyn.
Los
fieles del lugar cuidaron y veneraron la tumba de Sor Marta. Durante
más de cien años ha estado continuamente cubierta de
flores, velas y una especie de tapetes bordados, muy tradicionales en
esa región. La gente peregrinaba hacia ella y sostenía
que había sido escuchada y consolada por su intercesión
en asuntos muy difíciles… Decían que acudían a
su ‶Madre” o ‶Madrecita”. Nadie
preguntaba si eran ortodoxos o católicos y de qué rito.
Aun en los años del régimen de la ‶máquina
soviética” acudían a ella, y así lo siguen
haciendo los peregrinos y habitantes del lugar hasta hoy.